12 de febrero de
21
La
Disciplina Econ—mica
ƒxodo
21:1-36
Antes de la gran pandemia, yo estaba anticipando disturbios en la
sociedad, por los problemas graves en la econom’a. Y a veces no se hablan tanto de la econom’a en los pulpitos de las
iglesias, pero en el capitulo de hoy, veremos la manera en que, por medio de su
ley, Dios ha empleado la econom’a,
como una forma de disciplina.
1) Estas son las leyes que les propondr‡s.
Bueno, han escuchado los diez mandamientos, pero Dios tiene que dar
mas detalles sobre c—mo aplicar las.
Por ejemplo, el sexto mandamiento dice Òno matar‡sÓ. ÀPero que quiere
decir esto?
Un burlador me preguntaba una vez, ÒÀAcaso ustedes no pueden matar ni
una mosca, ni una cucaracha ni una hormiga? pausa
Pero se arrancan el mandamiento de su contexto. Y ahora por varios cap’tulos Dios va a
dar detalles sobre la manera en que estos mandamientos deben de funcionar.
2) Si comprares siervo hebreo, seis
a–os servir‡; mas al sŽptimo saldr‡ libre, de balde.
ÀPero quŽ es esto, de comprar un siervo que es tu hermano y tambiŽn en
pacto con Dios? pausa
Es que el mundo en el tiempo de MoisŽs, y aun hasta el tiempo del
nuevo testamento era muy, muy diferente del nuestro. Hab’an muchas formas de servicio, y de esclavitud.
Y Dios no quitaba todo esto, en un golpe, sino que daba reglas para
hacer todo esto mas humano, y mas œtil para la sociedad. ÀPero pastor, usted est‡ hablando de
una forma de esclavitud que es œtil, b’blicamente? pausa
En pocas palabras, s’, pero no es lo que se piensan, normalmente
hablando de una esclavitud.
El pueblo hebreo acaba de salir de una forma de esclavitud que era muy
cruel, muy brutal, y que duraba toda la vida. El servicio presentado en las escrituras es muy diferente.
2) Si comprares siervo hebreo, seis
a–os servir‡; mas al sŽptimo saldr‡ libre, de balde.
Antes que nada, la esclavitud no duraba mas de seis a–os. No era para toda la vida.
ÀPero porquŽ uno se ofrec’a para estar comprado por este cantidad de
a–os? Es que necesitaba encontrar
dinero, r‡pidamente por algo sumamente importante.
Tal vez tenia deudas que no pudo pagar. Tal vez era culpable de un crimen, y no pudo pagar la
multa. Tenemos un ejemplo de esto
en este mismo libro. De hecho est‡
en el pr—ximo capitulo.
ƒxodo 22:2-3 Si el
ladr—n fuere hallado forzando una casa,
y fuere herido y muriere, el que lo
hiri— no ser‡ culpado de su muerte.
Pero si fuere de d’a, el autor de la muerte ser‡ reo de homicidio. El
ladr—n har‡ completa restituci—n; si no tuviere con quŽ, ser‡ vendido
por su hurto.
Esta es la palabra muy importante para la ley de Dios, una
restituci—n. Se tenia que pagar,
tal vez doble el valor o hasta cuadruplicado. Y se pagaba a la victima. La impunidad ni exist’a. Tampoco pasaban a–os y a–os en la prisi—n.
Ahora regresando al esclavo despuŽs de sus seis a–os.
3) Si entr— solo, solo saldr‡; si
ten’a mujer, saldr‡ Žl y su mujer con Žl.
Se entraba en una forma de servidumbre, y se sal’a despuŽs de trabajar
para ese amo. Y trabajando se
aprend’a algo de c—mo manejar un negocio.
Y como hermano en la fe, se tenia que tratar le bien y no abusar lo.
4) Si su amo le hubiere dado mujer, y
ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos ser‡n de su amo, y Žl saldr‡
solo.
El saldr‡ solo. Pero si
su amo era tan bueno, que pensaba en sus necesidades, y desarrollaba sus
capacitadse, tal ven ni deseaba salir.
Recibiendo esa esposa de parte de su amo, conoc’a las reglas, no tenia
que aceptar la.
Pero hab’a otra opci—n.
5-6) Y si el siervo dijere: Yo amo a
mi se–or, a mi mujer y a mis hijos, no saldrŽ libre; entonces su amo lo llevar‡
ante los jueces, y le har‡ estar junto a la puerta o al poste; y su amo le
horadar‡ la oreja con lesna, y ser‡ su siervo para siempre.
No fue obligatorio, era algo que el siervo tenia que decidir, y estaba
registrada en la corte. ÀPero como
pudo un siervo decir ÒYo amo a mi se–orÓ?
Es que su se–or era como nuestro Se–or, muy bueno con los suyos. Cuando los ap—stoles dijeron que eran
siervos del Se–or, esto era el concepto, un esclavo permanente de Dios, que ha
recibido una buena mujer, en muchos casos, una gran redenci—n, una libertad en
Cristo, y ni piensa en salir para regresar al mundo. ÀY tu?
ÀY tu hermano, puedes decir que eres un siervo de Cristo, para siempre? Puedes decir con este esclavo : Yo amo a mi se–or, a mi mujer y a mis
hijos, no saldrŽ libre.
Bueno, vamos a ver la manera en que hasta las muchachas pudieron estar
vendidas.
7) Y cuando alguno vendiere su hija
por sierva, no saldr‡ ella como suelen salir los siervos.
ÀComo es posible que uno vender’a a su hija? Es que necesitaba dinero, urgentemente. La econom’a
estaba funcionando para Žl, como una forma de dura disciplina.
Pero la hermana no fue al mundo oscuro para estar abusada, sino que
Dios puso leyes para proteger la.
8) Si no agradare a su se–or, por lo
cual no la tom— por esposa, se le permitir‡ que se rescate, y no la podr‡
vender a pueblo extra–o cuando la desechare.
Normalmente uno entraba en esa forma de compra, para una esposa para
si mismo, o para una buena mujer para su hijo.
Pero no pudo abusar la, ni vender la a los extranjeros, como los hijos
de Jacob hicieron con JosŽ, vendiendo le a los que lo llevaban a Egipto, para
empezar toda esta historia del ƒxodo.
9) Mas si la hubiere desposado con su
hijo, har‡ con ella segœn la costumbre de las hijas.
Comprando la, para trabajar, tal vez a–os antes de casar ella, era como
una hija que uno tomar’a para casar se con su hijo, y normalmente hab’a un
precio por la novia. pausa
Y Cristo pagaba un gran precio por su novia, se derramaba su sangre,
para ti, y para mi.
10-11) Si tomare para Žl otra mujer,
no disminuir‡ su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si ninguna de estas tres cosas
hiciere, ella saldr‡ de gracia, sin dinero.
Si estaba mal tratada, si estaba tratada con la indiferencia, la
familia que la compraba, iba a perder su inversi—n, porque la ley de Dios, no
lo iba a permitir.
Fue duro para ella, estar en esta posici—n de sierva, pero esto era la
disciplina de la econom’a. Como dijo Salom—nÉ
Proverbios 22:7 El rico se
ense–orea de los pobres,
Y el que toma prestado es siervo del
que presta.
Y nosotros podemos sacar de esto, aun en nuestros tiempos, que hay que
tener mucho cuidado con las deudas.
Porque la econom’a puede
funcionar como una forma de disciplina.
12) El que hiriere a alguno,
haciŽndole as’ morir, Žl morir‡.
ÀQue quiere decir Òno matarasÓ?
Quiere decir que el asesino recib’a la pena de muerte, porque mataba a uno
creado en el imagen de Dios. Esto
aprendimos hasta en el libro de GŽnesis.
GŽnesis 9:6 El
que derramare sangre de hombre, por el
hombre su sangre ser‡ derramada;
porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Pero hay maneras de matar a alguien, como en un accidente, que no son
intencionales. Y Dios reconoce
esto, en su ley.
13) Mas el que no pretend’a herirlo,
sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te se–alarŽ lugar al cual ha de
huir.
El parentesco seria muy enojado, por el accidente, pero se pudiera
irse a un lugar de refugio, para que no le ataque un vengador de la
familia.
Y es curioso, aunque era un accidente, el plan de Dios estaba detr‡s
de la muerte.
13) Mas el que no pretend’a herirlo,
sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te se–alarŽ lugar al cual ha de
huir.
En el plan de Dios, realmente no hay accidentes.
14) Pero si alguno se ensoberbeciere
contra su pr—jimo y lo matare con alevos’a, de mi altar lo quitar‡s para que
muera.
ÀPorque del altar? Es que
uno pudo correr al altar de Dios para rogar por la misericordia. Pero no hab’a misericordia para el
asesino.
En el mundo moderno, el asesino puede simplemente pasar unos a–os en
la c‡rcel y despuŽs salir se.
El mundo moderno no quiere nada que ver con la justicia de Dios. Y por esto, estamos viendo la sociedad
moderna, mas y mas bajo la ira, y la maldici—n de Dios.
15) El que hiriere a su padre o a su
madre, morir‡.
Dios no toleraba hijos, que levantaban sus manos a sus padres o a sus
madres. Esto era siempre algo que
merec’a la pena de muerte.
16) Asimismo el que robare una persona
y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morir‡.
A veces los burladores de Dios vienen a los pasajes sobre la
servidumbre y dicen, ÒÁTu dios es un monstruo, porque est‡ en favor del trafico
humano, y hasta la esclavitud!Ó
Pero aqu’ podemos ver que si uno secuestraba a una persona para vender
la, su castigo era siempre, la pena de muerte.
Y este fue afirmado en el nuevo testamento.
1 Timoteo 1:8-10 Pero
sabemos que la ley es buena, si uno
la usa leg’timamente; conociendo esto,
que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes,
para los imp’os y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los
parricidas y matricidas, para los homicidas,
para los fornicarios, para los
sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para
cuanto se oponga a la sana doctrina,
La ley, segœn Pablo era para los secuestradores. ÀPero que dijo la ley sobre los secuestradores? Aqu’ lo tenemos en frente de
nosotros.
Asimismo el que robare una persona y
la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morir‡.
17) Igualmente el que maldijere a su
padre o a su madre, morir‡.
Un hijo maldiciendo a su madre o padre es algo que Dios no puede
soportar. Hasta Cristo, el
salvador del amor, confirmaba esto.
Marcos 7:5-13 Le
preguntaron, pues, los fariseos y los
escribas: ÀPor quŽ tus disc’pulos no
andan conforme a la tradici—n de los ancianos, sino que comen pan con manos
inmundas?
Esto es siempre lo que proclaman los corruptos, la palabra del hombre,
pero Cristo va a afirmar la palabra de Dios.
Respondiendo Žl, les dijo: Hip—critas,
bien profetiz— de vosotros Isa’as, como est‡ escrito:
Este pueblo de labios me honra,
Mas su coraz—n est‡ lejos de m’.
Pues en vano me honran,
Ense–ando como doctrinas mandamientos
de hombres.
Porque dejando el mandamiento de Dios,
os aferr‡is a la tradici—n de los hombres: los lavamientos de los jarros y de
los vasos de beber; y hacŽis otras muchas cosas semejantes.
Les dec’a tambiŽn: Bien invalid‡is el
mandamiento de Dios para guardar vuestra tradici—n.
Porque MoisŽs dijo: Honra a tu padre y
a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.
Pero vosotros dec’s: Basta que diga un
hombre al padre o a la madre: Es Corb‡n (que quiere decir, mi ofrenda a Dios)
todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dej‡is hacer m‡s por su padre o
por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradici—n que habŽis
transmitido. Y muchas cosas hacŽis semejantes a estas.
Durante los tiempos de reforma, se apartan de los mandamientos de los
hombres, y se regresan a los mandamientos de Dios.
18-19) Adem‡s, si algunos ri–eren, y
uno hiriere a su pr—jimo con piedra o con el pu–o, y Žste no muriere, pero
cayere en cama; si se levantare y anduviere fuera sobre su b‡culo, entonces
ser‡ absuelto el que lo hiri—; solamente le satisfar‡ por lo que estuvo sin
trabajar, y har‡ que le curen.
Otra vez, podemos ver la
disciplina econ—mica. Se
da–aba a otro hermano, y se tenia que pagar por su tiempo, y por su cuidado
medico. Mejor evitar las broncas,
y evitar los gastos que van con ellas.
20-21) Y si alguno hiriere a su siervo
o a su sierva con palo, y muriere bajo su mano, ser‡ castigado; mas si
sobreviviere por un d’a o dos, no ser‡ castigado, porque es de su propiedad.
Esto parece muy duro, pero tenemos que recodar que el mundo de
entonces era muy diferente. Si un
siervo atacaba a otro siervo, o a ni–os, o a mujeres, no se llamaban a la
polic’a, especialmente si eran muy lejos de todo.
Los que manejaban la familia aplicaban castigos f’sicos, pero no
pudieron estar excesivos.
Recuerde, que a veces compraban personas culpables de cr’menes, y se
ten’an que mantener el orden, hasta entre ellos.
Pero llegando al fin de sus a–os de servicio, se sal’an transformados
por su disciplina. Y no sal’an con sus manos vac’os.
Deuteronomio 15:12-15 Si
se vendiere a ti tu hermano
hebreo o hebrea, y te hubiere servido
seis a–os, al sŽptimo le despedir‡s libre.
Y cuando lo despidieres libre, no le
enviar‡s con las manos vac’as.
Le abastecer‡s liberalmente de tus
ovejas, de tu era y de tu lagar; le dar‡s de aquello en que Jehov‡ te hubiere
bendecido.
Y te acordar‡s de que fuiste siervo en
la tierra de Egipto, y que Jehov‡ tu Dios te rescat—; por tanto yo te mando
esto hoy.
No solamente sal’an con un poco de capital, pero tambiŽn sab’an algo
de c—mo manejar un negocio. Han
pasado a–os bajo una disciplina, tal
vez han sido golpeados, como los padres ha veces han tenido que golpear a sus
hijos.
Pero por el plan de Dios, la
disciplina econ—mica pudo transformar la persona, aun si antes era un
criminal.
Si esto te parece cruel, tengo que preguntar: ÀQue tenemos en las soluciones
modernas, con la sabidur’a humana?
El ladr—n se va a las prisiones, y la victima no est‡ recompensada,
sino que tambiŽn tiene que pagar impuestos para mantener las prisiones.
Y cuando el hombre sale de a–os viviendo entre otros criminales, se
sale mas apto, mas dedicado a la vida de la delincuencia. Se sale como dos veces m‡s hijo del
infierno que cuando entraba.
As’ que otra vez, rechazando la palabra de Dios, y siguiendo fielmente
a la palabra del hombre, podemos ver mas y mas el juicio, y la maldici—n de
Dios, sobre la sociedad corrompida.
22) Si algunos ri–eren, e hirieren a
mujer embarazada, y Žsta abortare, pero sin haber muerte, ser‡n penados
conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces.
La mujer embarazada era sumamente protegida y respetada. Si se chocaban con ella peleando, se
recib’an una disciplina econ—mica.
23-25) Mas si hubiere muerte, entonces
pagar‡s vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente, mano
por mano, pie por pie,
quemadura por quemadura, herida por
herida, golpe por golpe.
Cuando unos hombres peleaban, y causaban un aborto, accidental, porque
no se prestaban atenci—n a la presencia de una mujer embarazada, era la pena de
la muerte.
ÀQue tenemos en la modernidad?
En las cl’nicas se abortan a muchos bebes, y en vez de sufrir por su
crueldad, se vuelven ricos.
No es nada sorprendente, que la ira y la maldici—n de Dios ya est‡
cayendo sobre nuestra sociedad moderna, y bien podrida.
Y sobre este concepto de ojo por ojo, algunos creen que esto fue
cancelado por Cristo.
Mateo 5:38-39 O’steis que
fue dicho:
Ojo por ojo, y
diente por diente.
Pero yo os digo: No resist‡is al que
es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuŽlvele
tambiŽn la otra.
Es que los fariseos deseaban tomar una venganza personal, pensando en
tŽrminos de ojo por ojo.
Pero ojo por ojo no fue dado para una venganza personal, sino que era
una regla para los jueces en la corte.
Aun en el libro de Romanos, dice que los magistrados son vengadores, y
siervos de Dios.
Romanos 13:1-4 SomŽtase toda
persona a las autoridades
superiores; porque no hay autoridad
sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
De modo que quien se opone a la
autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean
condenaci—n para s’ mismos.
Porque los magistrados no est‡n para
infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ÀQuieres, pues, no temer la
autoridad? Haz lo bueno, y tendr‡s alabanza de ella;
porque es servidor de Dios para tu
bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es
servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
Dios dice Òm’a es la venganzaÓ, no es tuya, pero Dios puede llevar
acabo su venganza por medio de los oficiales del gobierno.
De hecho, esto es el prop—sito del gobierno en el plan de dios. Es un ministerio de justicia.
Pero en las sociedades modernas, que est‡n fallando en todos lados, el
gobierno es un salvador, o sea un Mes’as.
26) Si alguno hiriere el ojo de su
siervo, o el ojo de su sierva, y lo da–are, le dar‡ libertad por raz—n de su
ojo.
Dios mandaba que los siervos sean castigados con cuidado.
Por su crueldad el almo se pudiera perder su inversi—n en el
siervo, otra vez era, la disciplina econ—mica.
27) Y si hiciere saltar un diente de
su siervo, o un diente de su sierva, por su diente le dejar‡ ir libre.
Con cuidado se tenia que aplicar la disciplina, de otra manera esto iba a costar le bien duro.
28) Si un buey acorneare a hombre o a
mujer, y a causa de ello muriere, el buey ser‡ apedreado, y no ser‡ comida su
carne; mas el due–o del buey ser‡ absuelto.
Todos estaban responsables por sus animales.
29) Pero si el buey fuere acorneador
desde tiempo atr‡s, y a su due–o se le hubiere notificado, y no lo hubiere
guardado, y matare a hombre o mujer, el buey ser‡ apedreado, y tambiŽn morir‡
su due–o.
Siempre pienso en este verso cuando escucho de hombres que tienen los
perros pit bull, que salgan atacando a ni–os y adultos, hasta matando les.
Pienso en mi mente, Òel perro pit bull debe de morir, y tambiŽn el due–oÓ.
ÀAmen?
30-31) Si le fuere impuesto precio de
rescate, entonces dar‡ por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto.
Haya acorneado a hijo, o haya
acorneado a hija, conforme a este juicio se har‡ con Žl.
El hombre que tenia el buey que da–aba a otros, claro recibi— su disciplina econ—mica.
32) Si el buey acorneare a un siervo o
a una sierva, pagar‡ su due–o treinta siclos de plata, y el buey ser‡
apedreado.
Otra vez, Àera negligente, era irresponsable, tenia que aprender a
pagar, y si no pudiera pagar, vendido seria como un siervo?
33-34) Y si alguno abriere un pozo, o
cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere all’ buey o asno, el due–o de la
cisterna pagar‡ el da–o, resarciendo a su due–o, y lo que fue muerto ser‡ suyo.
Por esto, normalmente tratamos de tener la aseguranza, porque en la
ley de Dios, somos responsables por estos errores.
35) Y si el buey de alguno hiriere al
buey de su pr—jimo de modo que muriere, entonces vender‡n el buey vivo y
partir‡n el dinero de Žl, y tambiŽn partir‡n el buey muerto.
Claro estas leyes no aplican directamente a nosotros, porque
normalmente no usamos los bueyes en el trabajo.
Pero los mismos principios son aplicables, hasta en los tiempos
modernos. Si los hombres quieren
gobernar con justicia y sabidur’a, hay que escuchar lo que Dios ha dicho.
36) Mas si era notorio que el buey era
acorneador desde tiempo atr‡s, y su due–o no lo hubiere guardado, pagar‡ buey
por buey, y el buey muerto ser‡ suyo.
La econom’a, era el lugar
de trabajar y conseguir lo que te necesitaba para su familia, pero para los
irresponsables, la econom’a daba
tambiŽn una disciplina.
========================= Conclusi—n ======================
En la Biblia, los jueces, el gobierno, es un ministerio de
justicia.
Desafortunadamente, el los tiempos modernos, casi todos vean al
gobierno como su Mes’as, su ’dolo, para rescatar se de todo.
Hay millones ahora en este pa’s, que esperan que el gobierno paga su
renta, que el gobierno se hace un trabajo, que el gobierno controle los
precios.
Si Cristo es el Mes’as, no se va a tolerar una sociedad que dice ÒNo
tenemos mas rey que CesarÓ.
Mirando la noticias de Alemania, escuchaba a una mujer que estaba
perdiendo su peluquer’a por los impactos de la pandemia. Ella era la due–a, y dijo, ÒJam‡s
pensaba que iba a pedir esto al gobierno, pero por favor salva meÓ.
Era como que ella deseaba recibir al gobierno como su Se–or y
Salvador. ÀY tu?
Si quieres vivir con Cristo como tu Se–or y Salvador, y no el gobierno
civil, puedes pasar en unos momentos, y oraremos contigo.
Vamos a Orar