20 de agosto de 17

 

La Fortaleza De Los Siglos

Isa’as 26:1-21

Introducci—n

 

Isa’as escribi— este libro en tiempos duros, antes de la ca’da de Jud‡ cuando su templo estaba destruido, y el pueblo fue arrastrado al cautiverio.

 

Y sin embargo, era un libro de grandes esperanzas. 

 

Y por esto es muy relevante para nosotros. 

 

En la Žpoca de Isa’as, muchos en el pueblo de Dios estaban apart‡ndose, a la idolatr’a de los mundanos.  Muchos estaban dudando o abandonando la Santa Palabra de Dios.

 

Y el mismo est‡ pasando en nuestro momento de la historia en que Dios nos ha puesto.

 

Para nosotros es normal ver mucha apostas’a, gente abandonado a la Santas Escrituras.  Es normal para familias Cristianas ver a sus hijos, arrastrados y devorados por un mundo lleno de pecados groseros.

 

Es normal ver en todos lados los grandes conflictos y la violencia.

 

As’ que el capitulo de hoy tiene algo que decir a nosotros.

 

1)  En aquel d’a cantar‡n este c‡ntico en tierra de Jud‡: Fuerte ciudad tenemos; salvaci—n puso Dios por muros y antemuro.

 

El remanente iba a tener esta canci—n.  No iban a estar aplastados para siempre, sino que cuando muchas ciudades arrogantes estaban aplastadas por el juicio de Dios, el pueblo fiel, iba a celebrar su cuidad, que era fuerte.

 

Es que no solamente iban a confiar en gobiernos humanos para su protecci—n, sino que sus muros y su antemuro serian la salvaci—n de Dios.

 

En todos lados podemos ver gobiernos luchando en contra del terrorismo, en contra de las drogas u otras formas de delincuencia.  Pero casi nunca se claman a Dios.

 

Sino que se conf’an en la sabidur’a humana.

 

En los proverbios hemos aprendido c—mo confiar.

 

Proverbios 3:5-6     F’ate de Jehov‡ de todo tu coraz—n,

Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Recon—celo en todos tus caminos,

Y Žl enderezar‡ tus veredas.

 

Pero en las culturas modernas esto es muy raro.

 

Sino que se conf’an en ellos mismos, con todo el coraz—n.

Se apoyan en su propia prudencia, no reconocen a Dios en ninguna de sus caminos, y por esto sus problemas se van del mal en peor, multiplicando se.

 

1)  En aquel d’a cantar‡n este c‡ntico en tierra de Jud‡: Fuerte ciudad tenemos; salvaci—n puso Dios por muros y antemuro.

 

Pero nosotros, aunque por apariencia somos los dŽbiles, nosotros tenemos una cuidad fuerte, y si Dios est‡ con nosotros, Ŕquien contra nosotros?

 

2) Abrid las puertas, y entrar‡ la gente justa, guardadora de verdades.

 

Jud‡ iba a estar destruido, pronto.  Ni iba a tener muro ni puertas, pero el remanente fiel, sabia que todo esto iba a regresar.  Iban a tener una gran reconstrucci—n.

 

Y la gente justa, la gente fiel, serian como siempre la gente guardadora de la verdad, o sea la palabra de Dios.

 

3) Tś guardar‡s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

 

Aqu’ est‡ una promesa famosa.  Para muchos, este es uno de los pocos versos que conocen de Isa’as, pero es bueno estudiar lo en su contexto.

 

Aun en los tiempos mas duros.  Aun cuando parece como que nosotros estamos perdiendo la batalla, aun cuando trabajamos mucho, viendo pocos resultados, podemos sentir una paz completa.

 

3) Tś guardar‡s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

 

Es que los del remanente, no andamos por vista, sino por fe.  Sabemos algo del poder y de la soberan’a de Dios.  Y si tenemos que pasar por tiempos duros, espiritualmente hablando, esto no va a debilitar nuestra fe.

 

Porque nosotros no tenemos nuestros ojos fijados en las circunstancias, sino en las promesas, y en el Dios detr‡s de las promesas.

 

3) Tś guardar‡s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

 

Si las iglesias de Dios han sufrido por un tiempo, nosotros sabemos que por el poder de Dios, podemos recuperar todo lo que hemos perdido, y aun estar mas fuertes que nunca jam‡s.

 

Como Cristo dijoÉ

 

Mateo 16:18    EdificarŽ mi iglesia; y las puertas del

Hades no prevalecer‡n contra ella.

 

4) Confiad en Jehov‡ perpetuamente, porque en Jehov‡ el Se–or est‡ la fortaleza de los siglos.

 

Cuando las instituciones humanas se fallan, y se fracasan, esto no es una sorpresa para nosotros.  Nuestra confianza no est‡ en el hombre, sino que nuestra fe est‡ en el todo poderoso.

 

Proverbios 18:10     Torre fuerte es el nombre de Jehov‡;

A Žl correr‡ el justo, y ser‡ levantado.

 

Si tenemos que pasar por una Žpoca dura, hist—ricamente hablando, sabemos que no es nada nuevo.  No ser‡ ni la primera ni la ultima vez.

 

Pero lo que s’ sabemos es que nuestro Dios tiene un control perfecto sobre lo que pasa en la historia del mundo, y que sus juicios, al fin de cuentas ser‡n para nuestro bien.

 

Diariamente en las noticias se vea algo del terrorismo en alguna parte, se vea grandes disturbios por razones pol’ticas, se vea protestas que son cada vez mas violentas, y hasta producen heridos o hasta la muerte.

 

Pero nada de esto es nuevo.  Es triste, pero no es nuevo.

Y toda esa historia est‡ movida por la mano, sabia, de nuestro Dios.

4) Confiad en Jehov‡ perpetuamente, porque en Jehov‡ el Se–or est‡ la fortaleza de los siglos.

 

Esta es nuestra llave de la paz.  Podemos creer que Dios tiene todo esto bajo su control, y que Žl cuidar‡ de nosotros en medio de los mas peor.

 

Hebreos 13:5   Sean vuestras costumbres sin avaricia,

contentos con lo que tenŽis ahora; porque Žl dijo: No te desampararŽ, ni te dejarŽ.

 

Confiando en las promesas de nuestro Padre Celestial, no tenemos que vivir en las angustias.  ÁJam‡s!

 

5) Porque derrib— a los que moraban en lugar sublime; humill— a la ciudad exaltada, la humill— hasta la tierra, la derrib— hasta el polvo.

 

Esto es la base de muchos de los juicios que podemos observar en nuestros tiempos.  Los hombres se han exaltado mucho, ignorando lo que Dios dice sobre los cr’menes y como se deben de estar castigos.

 

Rechazan la palabra de Dios cuando habla de los divorcios, y la pureza sexual, o el papel de la mujer en la familia.

 

Rechazan la palabra de Dios cuando habla de la propiedad y los principios de la econom’a, robando mas y mas por medio de los impuestos y por la inflaci—n.

 

5) Porque derrib— a los que moraban en lugar sublime; humill— a la ciudad exaltada, la humill— hasta la tierra, la derrib— hasta el polvo.

 

Con esa gran arrogancia, y desprecio por lo que Dios ha revelado, no es nada extra–o, ver los pueblos de mundo, hundiendo se en su propia ruina.

 

6) La hollar‡ pie, los pies del afligido, los pasos de los menesterosos.

 

Cuando un pueblo rico ha abandonado la Palabra Santa, que hizo posible su riqueza, no es nada extra–o ver lo hollado por los pobres, como estamos viendo ya d’a tras d’a en Europa, y tambiŽn en Canda.

 

Pueden estar hollados, como parte del juicio de Dios.

 

 

7) El camino del justo es rectitud; tś, que eres recto, pesas el camino del justo.

 

Para hablar de la justicia hay que tener un est‡ndar de justicia.  No es suficiente confiar en las preferencias y las opiniones de los hombres que cambian con los vientos.

 

Los incrŽdulos pueden grita y gritar que quieren justicia, pero no tienen ni una manera de definir la justicia.

 

Dios es justo, recto, por definici—n.  Y sin Žl, sin su revelaci—n, el concepto de la justicia es vac’o.

 

8) TambiŽn en el camino de tus juicios, oh Jehov‡, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.

La completa paz, de que hemos visto en el vers’culo tres, viene as’.  Viene a los que tienen una sed, un hambre para las cosas del Se–or.

 

Salmos 42:1    Como el ciervo brama por las corrientes de

las aguas, As’ clama por ti, oh Dios, el

alma m’a.

 

Salmos 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu ley,

Y no hay para ellos tropiezo.

 

9) Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el esp’ritu dentro de m’, madrugarŽ a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.

 

Para muchos la noche es solamente un tiempo de descansar, de dormir profundamente, para trabajar duramente en el d’a que viene.

 

Pero el hermano, o la hermana que camina cerca de Dios, estar‡ orando hasta en la media noche, o se va a madrugar, para estar en comuni—n con su Se–or, dando gracias y pidiendo mas ayuda, especialmente para los que est‡n cayendo en las garras del enemigo.

 

Los que han apartado de Dios no vivan as’, por esto es muy claro que el capitulo de hoy est‡ hablando del remanente fiel.

 

10) Se mostrar‡ piedad al malvado, y no aprender‡ justicia; en tierra de rectitud har‡ iniquidad, y no mirar‡ a la majestad de Jehov‡.

Esa es otra raz—n de porque a veces se ve mucho juicio en el mundo.  Dios es bueno con todos.  Pero los malvados, aun cuando vivan en tierra de rectitud, aun cuando reciban mucho de las bendiciones de un lugar prospero, jam‡s van a dar gracias.

 

Y por esto Dios tiene que venir juzgando, limpiando la tierra de ellos.

 

Romanos 2:4-6  ŔO menosprecias las riquezas de su

benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te gu’a al arrepentimiento?

 

Pero por tu dureza y por tu coraz—n no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el d’a de la ira y de la revelaci—n del justo juicio de Dios, el cual pagar‡ a cada uno conforme a sus obras.

 

11) Jehov‡, tu mano est‡ alzada, pero ellos no ven; ver‡n al fin, y se avergonzar‡n los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumir‡.

 

El profeta nos ayuda entender lo que est‡ pasando en los tiempos turbulentos.  Y Dios tiene muchas maneras de juzgar y de castigar.  Puede emplear a los yihadistas isl‡micos, no es nada extra–o para Dios emplear una maldad para castigar a otra.

 

Puede usar los desastres naturales, como maremotos, diluvios, sequ’as.

 

O se puede mandar una gran crisis econ—mica cuando el mundo menos le espera.

 

Sean lo que sean los medios del juicio, Dios est‡ completamente en su derecho.

 

12) Jehov‡, tś nos dar‡s paz, porque tambiŽn hiciste en nosotros todas nuestras obras.

 

En medo de todo lo que puede pasar, nosotros viviremos en completa paz.  Porque la fe que tenemos ha sido puesto en nosotros por el poder de Dios.  Nosotros ni somos autores de nuestra propia salvaci—n.

 

Y Dios nos ha prometido las provisiones adecuadas para hacer todo lo que necesitamos hacer para servir le.

13) Jehov‡ Dios nuestro, otros se–ores fuera de ti se han ense–oreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre.

 

Israel pas— por muchos tiempos duros durante los tiempos de los Jueces.  Por un rato estaban bajo el dominio de los Filisteos, en otros tiempos otros grupos ten’an dominio sobre ellos.

 

En Egipto, el fara—n se consideraba due–o de ellos, durante una larga servidumbre.  Y durante todo ese tiempo, Dios estaba llevando acabo un gran plan.

 

Pero en todos estos tiempos los fieles, el remanente fiel, se confiaban en su Dios.  Las aflicciones eran pruebas de su fe.  Y los fieles, se quedan con su Dios por medio de todo.

 

En nuestros tiempos hay fuerzas negras hasta en las escuelas que agarran control de nuestros j—venes, a nuestros hijos.

 

Pero los fieles son constantes en su fe, orando y luchando para sus seres queridos.

 

14) Muertos son, no vivir‡n; han fallecido, no resucitar‡n; porque los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su recuerdo.

 

Esto es la profec’a del triunfo del pueblo de Dios.  DespuŽs de sufrir, despuŽs de vivir bajo la prueba, bajo la aflicci—n, Dios viene, en su propio tiempo, para entregar nos a la gran victoria.

 

Y los enemigos que antes eran tan formidables, de repente est‡n borrados de la faz de la tierra.  Como estar‡ el estado Isl‡mico, en poco tiempo.

 

15) Aumentaste el pueblo, oh Jehov‡, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los confines de la tierra.

Aunque los fieles eran muy pocos, Isa’as vio por visi—n y por profec’a, que el futuro iba traer gran prosperidad para el crecimiento del pueblo de Dios.

 

El mundo no estaba acabando.  El pueblo santo no estaba llegando a su fin.  Al contrario, su Cristo iba a venir y  la tierra ser’a llena del conocimiento de Jehov‡, como las aguas cubren el mar.  Como hemos visto en el capitulo 11.

Y es el mismo con nosotros.  No es siempre necesario concluir que el mundo est‡ acabando simplemente porque Dios anda derramando sus juicios.

 

15) Aumentaste el pueblo, oh Jehov‡, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los confines de la tierra.

 

Isa’as viv’a durante los tiempos duros, pero Dios le dio visiones de un futuro, sumamente glorioso.

 

Mas tarde en el libro el profeta ser‡ aun mas llena de esperanza.

 

Isa’as 54:1-3  Regoc’jate, oh estŽril, la que no daba a

luz; levanta canci—n y da voces de jśbilo, la que nunca estuvo de parto; porque m‡s son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehov‡.

 

Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas.

 

Porque te extender‡s a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredar‡ naciones, y habitar‡ las ciudades asoladas.

 

Cuando se camina por fe, y no por vista, todo es posible.

 

16) Jehov‡, en la tribulaci—n te buscaron; derramaron oraci—n cuando los castigaste.

 

Esto es otro gran resultado de los juicios, muchos van a arrepentirse, y regresar al Dios que han abandonado.

 

17) Como la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento gime y da gritos en sus dolores, as’ hemos sido delante de ti, oh Jehov‡.

 

Los fieles, del remanente, van a rogar por los perdidos, por sus pa’ses, por sus familias, aun cuando est‡n bajo los ataques mas severos.

 

Porque siempre tienen una confianza en las promesas.  Pero Dios no tiene que responder inmediatamente, es soberano.

 

18) Concebimos, tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento; ninguna liberaci—n hicimos en la tierra, ni cayeron los moradores del mundo.

 

Esto habla de las frustraciones que podemos experimentar, en medio de la batalla.  Se ora, y ora, y nada cambia.  Te inviertas mucho en un ministerio, pero veas muy poco resultado.

 

Cuando dice que dimos a luz viento, despuŽs de agonizar en oraci—n, es porque Dios no tiene que responder inmediatamente.

 

Dios es fiel, pero Dios no es nuestro siervo.  Dios responder‡, pero no siempre en el tiempo que nosotros queremos.  Traer‡ el avivamiento en su tiempo.

 

19) Tus muertos vivir‡n; sus cad‡veres resucitar‡n. !!Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu roc’o es cual roc’o de hortalizas, y la tierra dar‡ sus muertos.

 

Para los que pasan por los mas horribles sufrimientos, y actualmente pierdan sus vidas por el evangelio, su esperanza est‡ en la resurrecci—n de los muertos.

 

Que no era solamente una doctrina del nuevo testamento, sino que estaba en gran parte del testamento antiguo, como vimos tambiŽn en la semana pasada.

 

Cuando San Pablo escribi— sobre la resurrecci—n de los muertos, se sac— mucha de su material, de este libro de Isa’as.

 

20) Anda, pueblo m’o, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; esc—ndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignaci—n.

 

Esto es un llamamiento a nosotros.  Cuando los juicios se caigan, nosotros podemos estar como NoŽ, protegidos de la tormenta.

 

Salmos 112:7   No tendr‡ temor de malas noticias;

Su coraz—n est‡ firme, confiado en Jehov‡.

 

Aun en el libro de Apocalipsis, cuando unos hermanos ten’an que sufrir, era para un tiempo limitado.

 

 

 

Apocalipsis 2:10     No temas en nada lo que vas a padecer.

He aqu’, el diablo echar‡ a algunos de vosotros en la c‡rcel, para que se‡is probados, y tendrŽis tribulaci—n por diez d’as. SŽ fiel hasta la muerte, y yo te darŽ la corona de la vida.

 

El punto es, hermano, hermana que Dios no va a olvidar de ti, durante los juicios, sino que tendr‡ un plan para tu protecci—n.

 

Por esto podemos repetir el vers’culo tres.

 

3) Tś guardar‡s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

 

Agarrando esa promesa con fe, tu vida ser‡ mas saludable, libre de toda forma de estrŽs.

 

21) Porque he aqu’ que Jehov‡ sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra Žl; y la tierra descubrir‡ la sangre derramada sobre ella, y no encubrir‡ ya m‡s a sus muertos.

 

Los juicios vienen, y tienen que venir porque nuestro Dios es justo.  Pero los juicios pueden dejar una limpieza espiritual despuŽs.

 

Cuando Ca’n mat— a su hermano, en el primer asesino, lo trataba de esconder, como muchos esconden hoy en d’a sus abortos.

 

Pero Dios vino descubriendo el asesino de Ca’n É

 

GŽnesis 4:11   Ahora, pues, maldito seas tś de la tierra,

que abri— su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

 

De la misma manera cuando Dios viene, juzgando y pidiendo cuentas de los que han rechazado su santa ley, se puede esperar una gran paz, y una tremenda prosperidad, despuŽs.

 

======================== Aplicaci—n =====================

 

El punto de estudio de hoy, es que te puedes aprender vivir en completa paz, no importa lo que est‡ pasando en el mundo alrededor de ti.

 

 

Los juicios que caigan, no son accidentes sino que Dios est‡ gobernando, aun ahora, para el beneficio de su iglesia.

 

Romanos 8:28   Y sabemos que a los que aman a Dios, todas

las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su prop—sito son llamados.

 

======================== Conclusi—n =====================

 

Si tu quieres aprender vivir as’, libre del estrŽs que puede hasta da–ar tu salud, si es cr—nica.  Si tu quieres experimentar algo de esa paz completas, puedes pasar al frente y oraremos para ti, en unos momentos.

 

Vamos a orar!